Criminal Origins, el primer Condemned, fue un juego que no dejó indiferente a nadie. Cautivador, terrorífico y salvaje a partes iguales, se trataba de un juego inquietante, maduro y provocador, un ejemplo del estado “adulto” en el que la industria del videojuego se encuentra inmerso en estos momentos.
Con el brillante precedente de su primera entrega sólo cabía esperar lo mejor de la segunda parte. El resultado, sin embargo, es irregular. Las series se vuelven algo “mainstream” apostando a menudo por el susto fácil, y por un desarrollo más adecuado a los estándares del cine de Hollywood que a la lúgubre serie Z de su predecesor. Menos opresivo pero igualmente agitador y violento, el juego sufre de una desigual elección de niveles y de un comienzo realmente lamentable. |