En el calor de la batalla por el dominio del aire, durante la Primera Guerra Mundial, en una época en que la expectativa de vida de un piloto era de tres semanas, los jóvenes aviadores de ambos bandos se protegían con amuletos para la buena suerte y se rodeaban de supersticiones. Entre los aviadores alemanes que pilotaban máquinas voladoras hechas con lona y cuerdas, se creía en una superstición, la más importante de todas: no ser fotografiado antes de una misión. Sólo tras cumplirlas, los pilotos permitían que una cámara fotográfica registrara sus victorias. |